Fecha:
15/02/2016
El también pintor Fernando del Paso ilustra con estos tres rasgos del personaje, la cubierta de su libro “Viaje alrededor del El Quijote”. (Ed. FCE)
En las primeras páginas de Viaje alrededor de El Quijote (Ed. Fondo de Cultura Económica), aclara Fernando del Paso que nadie le obligó a leer la gran novela cervantina. Recuerda que tendría diez o doce años cuando llegó por primera vez a sus manos y que quedó fascinado, primero, por las ilustraciones de Gustave Doré. Después, o al mismo tiempo, por el texto. Descubrió de inmediato que le divertía tanto como los libros de Salgari, de Dumas, de Zévaco o de Verne (los mismos que formaron parte del imaginario infantil de algunos de nosotros). «Volví a El Quijote –escribe– mucho más tarde, por curiosidad: una curiosidad que se transformó en un inmenso respeto, un respeto que se convirtió en amor, un amor que se volvió una de las obsesiones que suelen alimentarme por varios años... Esto me llevó, como es de suponerse, a leer algo, nada más que algo, muy poco, de lo que se ha engendrado a la sombra de El Quijote».
Viaje alrededor del Paraninfo
Viaje alrededor de El Quijote se publicó en México en 2004 y conoció una primera reimpresión en España en 2005. Intuyo que debió pasar bastante desapercibida, ya que por entonces tanto fasto oficial apenas dejaron ver el bosque de las letras. Su autor cumplía setenta años, al tiempo que la Primera Parte de ese libro sobre el que se había enredado, obsesionado por recorrerlo con una mirada nueva, celebraba los cuatro siglos. Al final de su recorrido vertiginoso, el escritor, pintor, diplomático y académico mexicano, apuntaba que quizás algún día regresara a El Quijote, porque lamentaba que se le podían haber quedado muchas cosas en el tintero. Una intensa lectura de y sobre la novela: «...me han dejado al descubierto que a Don Quijote le han colgado tantos milagros, que no dejan verlo de cuerpo entero, que se le han atribuido tantas virtudes, que lo han desvirtuado. El Caballero se merece un trato más razonable. Casi diría, más humano». Hace un año se cumplía el cuarto centenario de la publicación de la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, al tiempo que se le otorgaba el Premio Cervantes al autor de Palinuro de México. Todo un símbolo esperanzador, porque el próximo y significativo 23 de abril, desde la tribuna del Paraninfo alcalaíno, Fernando del Paso tendrá la oportunidad –ahora desde sus ochenta y un años– de reanudar el sugerente e imaginativo viaje, rebuscando en los posos del tintero, parte de lo que aún queda por perfilar sobre don Quijote y don Miguel de Cervantes.
De Clemencín a Nabokov
Recomienda Fernando del Paso que para disfrutar El Quijote en toda su grandeza, no hace falta leer ni una sola palabra de lo que sobre él se ha dicho. Sugiriendo que se prescindan de toda crítica, prólogo o advertencia para acercarse la primera vez a sus páginas con el alma pura. Sin embargo, inmediatamente advertimos que tras aquella lectura primigenia –con el alma pura– de los diez o doce años que le hizo dejar a un lado a Sandokán, el Conde de Montecristo, Los Pardaillan o al Capitán Nemo, debió engolfarse durante años en el laberinto infinito de la bibliografía cervantina. En las amenas, lúcidas e iconoclastas páginas de su estudio, se percibe con claridad que no solo ha trasteado, sino también cuestionado toda clase de controvertidas opiniones, desde Clemencín a Nabokov; desde Unamuno a Graham Green. Consiguiendo, con una particular agudeza de análisis, levantar un sólido andamiaje desde el que poder discutir con especialistas consagrados, estudiosos impertinentes y editores perfeccionistas. Por otro lado, a los simples lectores, nos ha ofrecido la generosa oportunidad de hacernos sus cómplices y embarcarnos en un viaje por el que descubrimos rutas inéditas que nos hacen regresar, disfrutar y entender aún más las controvertidas aspiraciones de Alonso Quijano. No en vano estamos conducidos por el imaginativo autor de tres ambiciosas novelas en las que siempre se detecta un cierto aliento cervantino: José Trigo, Palinuro de México y Noticias del Imperio.
Parafraseando a Cavafis
Ignoramos si en este tiempo de deslavazadas e iletradas conmemoraciones oficiales, a la editorial Fondo de Cultura Económica se le ha ocurrido reimprimir Viaje alrededor de El Quijote, porque se trata de un libro imprescindible de crítica literaria. Un ameno breviario escrito desde la erudición, la inteligencia y la experiencia de innumerables lecturas, reconducidas hacia la claridad de la síntesis por la destreza de un magnífico narrador. Parafraseando a Cavafis debemos pedir que al iniciar el Viaje, el camino sea largo, lleno de venturas, lleno de conocimiento. Esto es lo que nos ofrece Fernando del Paso en su libro, una invitación a conmemorar el recuerdo de Cervantes a nuestra manera. Y de paso a revisitar El Quijote con ojos nuevos.
Todo un libro de claves
El texto de Fernando del Paso se convierte en todo un sugerente libro de claves, porque se trata de algo más que la historia personal de sus lecturas. Consigue enhebrar sus propias conclusiones con las de otros escritores admirados o contraponer sus juicios y criticar a muchos de los injustamente consagrados en la historia crítica cervantina. Sus admiraciones se reparten por: Dostoievski, Juan Valera, Américo Castro, Azorín, Carlos Fuentes... hasta llegar a Emilio Sola y José F. de la Peña, catedráticos de la Universidad de Alcalá, cuya obra Cervantes y la Berbería la considera de capital importancia para descubrir la etapa más oscura del autor de “El Quijote”. Sus críticas se centran en autores como Nabokov, también en Unamuno del que recoge uno de sus mayores dislates, la afirmación de que El Quijote ganaba al ser traducido. Pero sobre todo se ceba con Graham Green, al que no le perdona la visión que dio con El poder y la gloria novela -según sus palabras- en la que se ensañó con los defectos de nuestro México, desbordando rencor y resentimiento contra los mexicanos. Por eso su otra novela, Monseñor Quijote solo le produce la lástima que provoca la pobreza extrema del libro. Aunque no quiere calificarla como ‘un montón de estiércol’. Prefiere calificarla como cuando en El Quijote se habla de la obra de Avellaneda: un libro lleno ‘de viento y borra’. Por todo esto, y mucho más, supone un aliciente trastear por las páginas de este manual cervantino de Fernando del Paso, iniciar con él un Viaje cavafiano, que nos invita a un camino lleno de venturas y conocimientos y nos demuestra que hay otros modos, otras maneras de celebrar centenarios.
http://eldigitaldemadrid.es/opinion/entre-libros-anda-el-juego/item/21491-fernando-del-paso-viaje-alrededor-de-el-quijote
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